Benjamín Berger, actor y documentalista egresado de la Escuela de Cine de Chile, dirigió El lado B, un cortometraje documental con estilo de collage, y cuyo hilo dramático son los audios de uno de los cassettes que recibió su familia en los ‘80 mientras vivían el exilio en España. Cassettes en los que se hablaba de un Chile en el que sucedía el Festival de Viña aún cuando lo protagónico era el contexto de Pinochet. “Me llamaba la atención establecer una mirada de la época pero desde la dictadura más íntima: cómo era la dictadura a nivel doméstico”, explica sobre su trabajo.

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– ¿Cómo se gesta el proyecto El lado B?

– El lado B es un trabajo universitario que terminé el año 2012. Tiene como principio que sea una especie de collage de la memoria de cuando yo vivía San Cugat, España, y recibíamos un cassette de parte de la familia de mi mamá para enterarnos de qué pasaba en Chile y de cómo estaba la familia. Ese era el contacto que teníamos con Chile, entonces volviendo a escuchar esos cassettes la sensación que siempre me quedaba es que ese registro siempre le faltaba una parte de la historia. El corto busca hablar sobre lo que no se dice en esa relación entre dos hermanas. Nosotros estábamos en San Cugat y el resto de la familia estaba en Chile por razones políticas y también había diferencias sobre cómo se veía el país en ese momento. Como en toda dictadura se generaron conflictos dentro de la familia, se generó una grieta, una distancia no solamente física sino que incluso estando juntos. Me llamaba la atención establecer una mirada de la época pero desde la dictadura más íntima: cómo era la dictadura a nivel doméstico, lo que generó, qué situaciones se dieron, lo que no se hablaba… eso me interesaba poner en el corto y que se completara el ciclo en el sentido de que hubiese una respuesta al registro de ese cassette. Esas respuestas no estaban, entonces es como un comunicado epistolar pero en cassette y la respuesta después de 30 años me parece interesante y emocionante.

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– ¿En qué momento comenzaste a ver un potencial en este material de archivo?

– Siempre estuvieron a mano pero algunos se perdieron y después los traté encontrar pero no pude. Deben haber sido 3 o 4 cassettes y logré encontrar dos, y uno estaba bueno, utilizable para algo así, y que funcionaba realmente como registro. Los tenía y no los había pescado mucho hasta que me tocó pensar en hacer el corto para el proyecto de la tesis y quería hacer algo muy personal, también estaba muy perdido y el cassette era simplemente un material más y recibiendo sugerencias me di cuenta de que el cassette era el material con el que podía trabajar y eso fue parte del proceso de buscar qué hacer.

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– ¿Siendo director de teatro tuviste otras ideas con el cassette o de materializar esto de otra forma o siempre se relacionó a algo más documental?

– Yo quería hacer algo casi como teatro grabado porque era lo que más conocía y la dificultad para hacer el documental era cómo materializar la imagen que acompañaría el audio. Pero logré recopilar bastante material visual: películas caseras, fotos, revistas de la época… conseguí cámara vhs que daba como un registro ochentero y finalmente hice justamente un collage que sirviera visualmente para acompañar el corto y hacer de eso algo que fuese atractivo. Traté de sacarme el teatro de la cabeza, pero sí utilicé por ejemplo un elemento que es medio teatral que es un gabinete y que sí tiene un aspecto de teatro. De hecho se usa para hacer mini obras de teatro. El gabinete es una especie de dispositivo o cabina casi como un confesionario que se ha ubicado por ejemplo en el GAM o en el Teatro del Puente y ahí se hace una mini obra de teatro para un espectador: es una persona la que entra. Es una mini obra de 10 ó 15 minutos para una sola persona, entonces yo utilicé ese lugar para que entrara mi tía a escuchar la respuesta del cassette: por eso se llama El lado B. Después yo hice una muestra del documental en el Teatro del Puente en el gabinete de hecho, yo creía que era el lugar indicado para mostrarlo, más que una sala de cine porque era como una puesta en abismo donde la gente estaba en el mismo gabinete donde estaba mi tía escuchando la respuesta. Fue muy bonita la experiencia, yo tenía muchas ganas de mostrarlo y el feedback fue muy bueno. Estuvo un mes en el Teatro del Puente y fue el experimento que yo quería hacer porque para mí no era un documental que tuviese la fuerza de mostrarse en una gran pantalla. Me gustaba la idea de mostrarlo de una manera personal, íntima.

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– ¿Recuerdas cuál era tu sensación cuando escuchabas esos cassettes siendo chico?

– Recuerdo el lugar, recuerdo los momentos, pero recuerdo los cassettes ya más de grande y es como un ayuda memoria para escucharme a mí de chico. Cómo era yo cuando chico, escuchar que hablaba como español es raro porque es como si fuese otra persona y si tú te pones a pensar así es como aprendí a hablar yo. Encuentro que grababan cosas muy raras y al final es la mirada que yo tenía de Chile: el Festival de Viña… como cosas muy frívolas. ¿Cómo en plena dictadura podrían grabar eso? Por eso yo quería una respuesta que no fuese de la superficie.

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– La anécdota del avión es maravillosa…

– Ahí justo encontré la foto, la imagen precisa subiéndonos al avión. Las imágenes de archivo de video son de Alejandra Moffat que me mandó las imágenes caseras de toda su familia y como yo pensaba que era irrelevante quiénes salieran esas imágenes las usé. Quería retratar un momento, una época, una estética. No era relevante si el niño del material de archivo era yo o no.

– ¿Qué referencias cinematográficas tenías?

– Tenía todas las referencias de cortos y documentales que vimos ese año en la escuela, muchos materiales que yo no conocía. Cuando lo hice pensaba mucho en Guy Maddin que hizo Winnipeg con la salvedad de que yo no quería poner voz en off.  La película La conversación de Coppola también la tenía como referente, sobre todo como la estética de la cinta, de que que apareciera el cassette en escena, que al final se cerrara y tú pudieras entender cosas que viste al principio: que al principio sonara como un poco inconexo todo y que al final se armara el puzzle.

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Benjamín Berger, director de El lado B.