Sebastián Palominos es ex alumno del Instituto Profesional Arcos y ha realizado dos cortos de ficción (Runa Mula, Francesca) y un documental  (Memor Mortis). Dice que su trabajo está influenciado por Francisco Casas, Pedro Lemebel, Raúl Ruiz y Pedro Almodóvar y su primer largometraje pondrá en foco a un grupo de mujeres transexuales que comparten casa en un burdel durante la dictadura chilena. “Para mí el tema de la transexualidad no es tema y me gusta empezar por ahí”, dice

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Cuéntanos de tus cortometrajes, ¿en qué orden van y sobre qué tratan?

– El primero fue Runa Mula y nace por la necesidad de generar una especie de catarsis de las relaciones familiares. No es porque yo tenga conflictos personales, sino que siento que siempre es necesario conocer de dónde pueden venir ciertas inquietudes que uno ni siquiera por experiencia las va ganando sino porque las personas te las inculcan. Estos pueden ser gustos o miedos… Yo en Runa Mula quise ahondar en el miedo. Yo soy muy de la escuela de Raúl Ruiz, así que era la opción de empezar a vincular mis intereses a los proyectos que quería realizar con eso. Me gusta la idea de lo mágico religioso que se puede dar en algunos proyectos, y aunque éste no lo tiene tan marcado, de alguna forma intenté ligarlo a las creencias paganas. Fue en el marco de un proyecto universitario en Arcos que hice en tercer año con un monto que nos daba el instituto para desarrollar un proyecto.

¿Cuál es tu segunda película?

Memor Mortis, que nace de una videodanza que hice con unos bailarines y en donde ellos eran del sector donde está ubicado este lugar, conocían la historia del sanatorio y me presentaron este espacio y obviamente estando ahí me contaron del contexto político: que había sido centro de detención en dictadura. Yo quise simplemente hacer un trabajo de fotografía del espacio, y se podría decir que es un documental más contemplativo pero igual me gusta hablar de que es experimental porque no te aclara nada y eso precisamente grafica mucho el trabajo que vengo haciendo: situaciones y no transformaciones.

Luego aparece Francesca como mi proyecto de título. Francesca inicialmente pensaba hacerlo como un largometraje, demasiado almodovariano. El contexto LGTB ya lo Había tocado en proyectos anteriores y también me quería reinvindicar un poco con eso. Cuando hicimos el pitch en Arcos se mostraron súper interesados pero la condición fue que tenía que bajar el metraje, ya que por los fondos no podía hacer un largometraje. Después vino el trabajo de limpiar y dejar solamente lo esencial que era este personaje que aspiraba con tener una familia. Me encontré con varias chicas trans para hacer el personaje hasta que Kassandra Romanini llegó a través del maquillador, y no sé si llamarlo cursimente como un amor a primera vista, pero sentí que ella ya era el personaje.

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¿Cómo se movió ese proyecto?

– Este proyecto es fue el que tuvo mayor revuelo. Su primer festival fue Bio-bío y ese festival tiene asociación con San Sebastián España y uno de los premios era ir a San Sebastián a una ventana no competitiva a la que fuimos con la productora. Estuvo en Sao Paulo, en Turquía, en Colombia, Canadá y unos 15 festivales más. En España fue donde me encontré mucho más directamente con las reacciones y sentí que había mayor interés en la temática en gente mayor que gente de la edad nuestra. Puede ser por una cosa generacional que nosotros ya estamos un poco más acostumbrados a este tipo de temas pero se me acercaron personas mayores porque les había interesado mucho la forma cómo había tratado el tema: súper cotidianamente. Me gusta naturalizar porque para mí el tema de la transexualidad no es tema y me gusta empezar por ahí.

¿En qué estás trabajando hoy?

– En España conocí un productor que quería tomar Francesca nuevamente y le agradecí pero le dije que no porque hacer eso era alargarla, esa historia ya estaba contada. Ahora estoy haciendo otro proyecto de largometraje que habla de unas chicas trans en un burdel pero en contexto de dictadura resguardadas en un lugar en particular. Ese proyecto está en etapa de escritura y ahora vamos a postular la re-escritura de guión. Tiene un contexto muy político, y todas llegan a este lugar finalmente para salvaste del contexto y es como la familia que decidieron tener.

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¿Qué destacarías de tu escuela como escuela de cine? ¿Cuáles crees tú que son los puntos fuertes?

– Sin duda los docentes que nos orientaron. Ahí está Maite Alberdi que yo creo que es la base que tuve hacia adelante, ella me enseñó lo que era la base del documental y la investigación y yo ahora veo todas las ficciones como si fueran una investigación documental, cuando estoy haciendo ficción también trabajo así y me ha ayudado poder nutrir y justificar. Alejandro Fernández que me enseñó la naturalidad. Michelle Bossy me enseñó cómo potenciar el discurso. María Paz González que me enseñó que no tenía que modificar mi discurso para intentar agradar al público. Tuve muy buenos docentes.

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Sebastián Palominos, director de Runa Mula, Francesca y Memor Mortis